¿QUÉ ESTÁS BUSCANDO EN REALIDAD?

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Reconectar con tu deseo en la era digital

 

¿Alguna vez cogiste el móvil para “ver la hora” y terminaste 45 minutos después viendo videos de gatitos modo caos, probando filtros que te dicen si eres “otoño cálido” o haciendo el test que jura saber qué personaje Disney eres según tu ascendente?

Tranquilo, no estás solo.

Vivimos hiperconectados, sobreestimulados y – seamos honestos – un poquito perdidos en este océano digital. Siempre buscando algo… pero, ¿alguna vez te preguntaste qué estás buscando, y desde dónde nace esa búsqueda?

En esta era digital, el deseo y el vacío conviven tan de cerca que a veces se confunden. Y cuando eso pasa, perdemos de vista lo que realmente nos impulsa.

El deseo como brújula interna

El deseo no es un simple capricho. Es una fuerza vital que nos mueve, nos orienta y nos invita a crecer. Surge de una falta, pero no como algo que hay que tapar, sino como parte esencial del ser humano que nos lleva a buscar lo que realmente deseamos.

Nos guía como una brújula: impulsa nuestras decisiones, nos invita a elegir, cambiar, crear y salir de la zona de confort. Está detrás de nuestras decisiones más importantes, desde lo profesional hasta lo afectivo.

 

Likes, soledad y deseo: la paradoja digital

Hoy convivimos con una hiperconectividad sin precedentes: redes sociales, validación inmediata, estímulos constantes. Nos comparamos con vidas y cuerpos “perfectos”, exponemos nuestra intimidad y buscamos reconocimiento en likes mientras el hate crece sin filtro.

Y ahí, aparece la paradoja: cuanto más conectados estamos a nivel digital, más desconectados nos sentimos de nosotros mismos y de los demás.

“Más conectados que nunca, más solos que nunca.”

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre un 5% y un 15% de los adolescentes experimentan soledad, aunque comenta que probablemente estas cifras estés subestimadas. Además, la OMS ha advertido sobre el aumento del uso problemático de las redes sociales en esta población, describiéndolo como un patrón de comportamiento similar a la adicción, que puede incrementar el aislamiento.

En esta misma línea, el STADA Health Report 2024 señala que el 65% de los jóvenes españoles menores de 35 años sufren de soledad, siendo el uso excesivo de redes sociales y videojuegos una de las principales causas identificadas.

Y ese aislamiento tecnológico silencioso que se genera, lejos de aliviar, puede intensificar el vacío, la ansiedad o la depresión.

 

¿Buscamos distraernos o no sentir?

¿Te ha pasado que abres TikTok para “relajarte cinco minutos” y cuando parpadeas ya es de noche, tienes hambre, ansiedad y cero ganas de vivir en sociedad?

Las redes entretienen, pero también anestesian. En esa mezcla de dopamina instantánea, anestesia y comparación constante, quedamos atrapados en un loop de malestar sin nombre.

    • Estás rodeado/a de gente pero te sientes solo/a, así que con móvil en mano empiezas a deslizar, pero sigues sintiéndote solo/a. Y aunque «tienes todo para estar bien», hay una incomodidad que no sabes describir.

    • Compras eso que “tanto querías”, lo usas una vez, y enseguida vuelve esa sensación de vacío. Así que… compras otra cosa. 

Es un ciclo sin fin: como un Black Friday emocional.

 

El vacío a un clic 

Los algoritmos no solo muestran lo que buscamos, moldean lo que creemos desear. En esa lógica de satisfacción inmediata, confundimos deseo con necesidad. La búsqueda interna se transforma en acumulación de estímulos y excesos. Lo que antes era una brújula interna, ahora se vuelve una respuesta impulsiva ante un vacío. 

    • y de repente te ves comprando ese aspirador que ni sabías que existía, pero los reels te dicen que lo necesitas en tu vida. 

El sociólogo Zygmunt Bauman lo resume muy bien: “En la modernidad líquida, los objetos del deseo cambian más rápido de lo que tardamos en alcanzarlos”.

Esa carrera incesante tiene un precio.

El vacío – esa desconexión interna – no nos impulsa a crecer como sí lo hace la falta que impulsa al deseo. Al contrario; paraliza, angustia, y nos lleva a calmar sin procesar con conductas que, a largo plazo, generan más sufrimiento: consumo excesivo de redes sociales, compras compulsivas, atracones, abuso de sustancias, conductas autolesivas, dependencias, entre otras.

 

Vínculos en tiempos de pantallas

También cambia cómo nos relacionamos. Buscamos distracciones para silenciar el malestar, el vacío y la soledad: scroll infinito, series sin parar, comer por ansiedad, conversaciones superficiales sin detenernos a escuchar.

Y sin darnos cuenta:

  • Le damos la Tablet a nuestro hijo para que no «moleste».
  • Miramos pantallas en vez de mirarnos a los ojos.
  • Priorizamos notificaciones por encima de un café con un familiar o amigo.

En esa desconexión cotidiana, el deseo se desdibuja, se reemplaza por estímulos rápidos y el vacío empieza a ocupar más espacio del que quisiéramos. Convirtiéndose la era digital, en la era de la soledad.

 

Claves para reconectar contigo

    1. Reflexiona, escúchate. 

¿Lo que buscas nace de un deseo de crecer, o de un vacío que quieres tapar? ¿Sigues lo que realmente quieres, o lo que crees que “deberías” querer? 

    1. Habitar el silencio y el tiempo propio

En un mundo que todo lo acelera, donde todo es para ayer y no da tiempo a elaborar lo que se vive; detenernos y reconectar con lo que sentimos puede marcar la diferencia.
Crear espacios de pausa nos permite volver a lo esencial: sentir, pensar, elegir.

    1. Poner límites a la exposición digital

No todo estímulo merece nuestra atención. Poner ciertos límites al tiempo que dedicamos a las redes, cuidar lo que consumimos y a quién seguimos también es cuidar nuestra salud mental. Elige a qué y quién le dedicas tu tiempo en el día a día.

    1. Pedir ayuda 

Si el vacío se vuelve demasiado presente o si el deseo ya no te moviliza, pedir ayuda profesional puede abrir nuevas preguntas y nuevas formas de relacionarnos. 

Aunque, a veces la vida nos invita a detenernos y reconectar de formas que no habíamos planeado…

 

Una pausa inesperada

Este lunes, con el apagón que afectó a todo el país, vivimos una pequeña muestra de todo lo que veníamos reflexionando.

De pronto, sin conexión, sin redes ni internet, muchos salieron a pasear, a conversar con vecinos, a buscar alternativas más humanas para pasar el rato. Vimos compañeros tomando algo en los bares, vecinos bailando en las plazas, jugando a juegos de mesa, desconocidos apoyándose y escuchando la radio…

Se puso en evidencia cuánto nos facilitan las tecnologías… pero también lo valioso que es desconectar, aunque sea por un rato, para volver a mirarnos, hablarnos y compartir desde otro lugar.

Quizás no lo buscábamos, pero encontramos algo que estaba ahí: las ganas de estar, de charlar, de sentirnos acompañados.

Una pausa que, al apagar por un momento el océano digital en el que a menudo nos perdemos, nos recordó que hay búsquedas que no empiezan en una pantalla, sino que se iluminan en nosotros mismos y en los vínculos reales con los demás.

Frenar, pensar, escucharnos. Y quizás ahí, empezar a encontrar nuevas formas de habitar esta nueva era.

 

¿Y tú? ¿Desde dónde estás buscando hoy?

 

 

Marian Mesa Valladares

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Infantojuvenil y de Adultos. Psicoanalista.

Docente supervisora y miembro del CHMC

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